
Este libro, sin duda, te transporta a esa época en la que estábamos leyendo Los Juegos del Hambre y, para quienes amamos esa saga, eso ya es motivación suficiente para empezar esta historia.
Lo que más me gustó fue la manera tan sencilla y natural en la que, a través de los ojos del protagonista, comenzamos a entender cómo está construido este nuevo mundo: las jerarquías, las divisiones sociales y la forma en que todo está representado mediante colores y planetas.
Es una historia llena de algo que sigue muy presente en nuestra sociedad: la ambición de poder, la necesidad de mantener las diferencias entre clases y de seguir sometiendo a los más débiles, haciéndoles creer que su pequeño mundo siempre estará atrapado bajo una tiranía que no permitirá que asciendan ni cuestionen lo que otros consideran suyo por derecho de nacimiento.
El enfoque de este primer libro está en cómo quienes poseen el poder educan a la siguiente generación para conservarlo. La escuela a la que son enviados se convierte en el núcleo de la historia, y ahí vemos cómo muchos de estos “hijos de privilegio” creen que el mundo seguirá funcionando a su favor. Conforme avanza la trama, la presión va sacando sus instintos más primitivos: aquí lo único que importa es ganar y demostrar quién es el mejor, sin importar el costo. Y Darrow entiende eso desde el primer momento.
Lo que quizá disfruté un poco menos fue lo predecible que puede sentirse la historia en ciertos momentos. Aunque tiene algunos giros interesantes, pocos logran sorprender realmente. También empiezan a desarrollarse algunas relaciones entre los personajes, pero siento que no terminan de tener el suficiente peso emocional porque el enfoque está mucho más puesto en los conflictos y en todo lo que ocurre alrededor de ellos que en las relaciones mismas.
En general, es un libro muy entretenido, fácil y rápido de leer, perfecto para quienes disfrutan las distopías con acción, competencia y luchas de poder.
Amanecer rojo by Pierce Brown
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