
La historia sigue a Alina, una boticaria que pasa sus días creando y perfeccionando venenos para ayudar a las mujeres a hacer que ciertos hombres «desaparezcan» de sus vidas. La premisa es buena, con una atmósfera gótica muy londinense y una protagonista de la que inicialmente sabemos muy poco. Gracias a su amistad con una de las mujeres más privilegiadas y adineradas de la época.
Cuando conoce a Silas, comienza un interesante juego de poder. Alina parece no temerle a aquello que él supuestamente es, algo que además ella descubre bastante pronto. Hasta ese momento, la historia resulta prometedora, pero para mí nunca terminó de despegar.
El problema principal es que realmente conocemos muy poco a la protagonista. Sabemos que su padre murió, que ella desapareció durante un tiempo después de eso y que se dedica a actuar como una especie de salvadora experta en venenos. También desarrolla una obsesión por esta «criatura», aunque nunca terminé de sentir que estuviera realmente enamorada. Desde mi punto de vista, lo que la mueve es más la curiosidad y el deseo que el amor.
Más adelante aparece otro personaje que parece destinado a formar un triángulo amoroso. Curiosamente, me pareció alguien de quien sí podría haberse enamorado, porque sabe exactamente cómo presentarse como el hombre perfecto y cómo manipularla a través de aquello que le gusta. Sin embargo, esa trama tampoco llega a desarrollarse del todo.
Además, hay situaciones que me parecieron algo incoherentes. Por ejemplo, un hombre que la molesta aparece muerto poco después y todo el mundo parece tomárselo con una naturalidad sorprendente. También esperaba que el libro profundizara más en Alina y en las razones que la llevan no solo a aceptar la existencia de estas criaturas, sino incluso a disfrutar de su atención.
Conforme avanza la historia descubrimos más sobre su pasado, pero incluso esas revelaciones carecieron del impacto que esperaba. Como mujer, es fácil empatizar con sus motivaciones, pero considerando todo lo que le ocurre hacia el final, me faltó más incomodidad, más conflicto emocional, algo que realmente sorprendiera.
Eso sí, Alina está retratada como una científica curiosa y decidida. El problema es que muchas veces esa curiosidad la lleva a ponerse en peligro de una forma casi absurda. Su arrogancia la hace pensar que puede ir donde viven estas criaturas e investigarlas sin consecuencias, y eso terminó resultando poco convincente para mí.
También esperaba una revelación mucho más contundente. Ninguno de los giros logró sorprenderme y hay demasiados capítulos que se sienten de relleno, llenos de investigaciones y conversaciones que aportan poca información relevante.
Lo único que queda completamente claro es que la única persona a la que realmente quiere es a su mejor amiga, y ambas lo demuestran hasta el final.
Y hablando del final… ¿qué final? Justo cuando ocurre una escena que por fin parece capaz de generar verdadero impacto, la historia simplemente se corta. Me recordó a esos relatos donde los personajes tardan una eternidad en llegar a su destino, pero luego nunca te cuentan cómo regresaron porque, aparentemente, fue facilísimo. Aquí sentí exactamente lo mismo.
Espero que la continuación consiga engancharme más o, al menos, ofrecerme ese impacto y esas ganas de no soltar el libro que eché en falta en esta primera entrega.
The Poisoner by I.V. Ophelia
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